Ya de chica estuve en contacto con la naturaleza, teníamos un amplio jardín, donde jugábamos con mis hermanos. Mi papá y mi mamá se ocupaban del mismo y lo mantenían con flores y aromas que hoy me siguen remontando a esa niñez llena de experiencias y anhelos. El aromo, las arvejillas, el azahar del limonero, los jazmines... y el olor a tierra húmeda cuando, al atardecer, regaba las plantas y hacía dibujos en el aire con las gotas de la manguera.
Mi mamá, al igual que mi abuela, eran socias del antiguo Garden Club por lo cual crecí entre arreglos florales y plantas. De ellas heredé el gusto por las manualidades, la cocina y el arte.
Mi bisabuelo materno, el doctor Miles Stuart Pennington, además de médico era entomólogo, al igual que su padre. Miles fue asistente del Perito Francisco Pascacio Moreno cuando realizó excursiones al sur de la Patagonia, y describió muchos insectos desconocidos hasta entonces, como por ejemplo en 1919 la especie "Leptobyrsa mendocina" y varios pastos que hoy llevan su nombre. Escribió "Medicina popular en las islas del río Paraná".
Mi papá nos llevaba al campo desde pequeños. Andábamos a caballo y él imitaba con silbidos, el canto de los pájaros y decía sus nombres. Esto marcó en mí el gusto y sentimiento de libertad.
En ese entonces no se escuchaba tanto el término ecología, el cual aprendería mas adelante al intentar ingresar uno de mis hermanos en la facultad.
Tuvimos varias mascotas (algunas ya no permitidas en los hogares) con las que aprendimos la responsabilidad del cuidado y el placer de compartir nuestra vida con ellas.
En la adolescencia me interesé en el cultivo de Bonsai e hice un curso de 2 años. Lo que me atrajo fue el verdadero sentido de ésta práctica: proteger y rescatar las plantas ante el avance de la urbanización.
Siempre me gustó la fotografía y el dibujo, especialmente de animales y naturaleza, y cuando opté por un estudio, fue Diseño en Comunicación Visual para poder comunicar, enseñar y mostrar gráficamente algo.
En ese momento, ya estaba de novia, y Edu traía consigo la preocupación por el agua y el reciclado. Nos casamos en 1993, y desde ese momento, Edu lavaba y guardaba los envases tetrabrick a pesar de mi (que le decía, "... no juntes basura!!"). De esa manera fuimos creciendo como familia con un sello de preocupación y ocupación por la conservación de nuestro hogar, nuestra tierra, nuestro legado en este mundo, la responsabilidad ante nuestros hijos de preservarles "Su Casa".
Hoy soy socia de Fundación Vida Silvestre y Aves Argentinas, reciclamos la basura en origen, tenemos nuestra huerta familiar orgánica y nuestro jardín está en más de un 40% integrado por plantas nativas. También optamos por el ecoturismo como vacaciones familiares, practicamos el avistaje y fotografía de aves.
Esta es mi manera de dejar huella, de sumar el granito de arena, de proteger la biodiversidad, de cuidar nuestra tierra, LA TIERRA QUE UNO AMA!!!!

Que buena iniciativa, Tunita! Hermoso el modo en que describís tu infancia, recuerdo muy bien tu jardín que tantos momentos lindos me brindó en la mía.
ResponderBorrarEste blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
ResponderBorrarSimplemente hermosa descripción Tunita! Ojalá más fueran como vos.
ResponderBorrar¡Felicidades, seguí adelante! saludos....Sergio de Flora Nativa de Entre Ríos: Floranativadeentrerios.blogspot.com
ResponderBorrar